Inyecciones de algo nuevo y momentos "estoy vivo": las dosis necesarias y las dosis que regala un viaje

No sé si a ti te pasará lo mismo, pero pocas cosas me hacen más feliz en un viaje que acabar en un lugar que no esperaba conociendo a alguien con quien no contaba y aprendiendo de algo que en la vida habría imaginado.        (O sí.)

No me importa si lo aprendo a golpe de signos ridículos porque no comparto el idioma, ni me importa estar retrasando la visita que tocaba según el planning. Suena absurdo, quizás cursi, pero… es como si de repente me sintiera más viva. Se me abren los ojos más de lo habitual, sonrío sin remedio, hago preguntas sin vuelta atrás y me voy conviertiendo en una especie de esponja cuyo único deseo en ese momento es continuar absorbiendo. Más y más.

Pero a veces creo que se trata de un fenómeno extraño. Porque no necesito cruzarme con un personaje de libro, ni que el escenario sea digno de decorado ni el panorama especialmente exótico… lo mismo ni me vuelvo a interesar de nuevo por la excusa que tejió aquel instante.

Es más más sencillo que todo eso. Creo que tiene algo de factor sorpresa, sumado a un kilo de curiosidad por lo desconocido y unas cuantas cucharaditas de ansia de novedad.

Me vale con estar conociendo a alguien cuya vida no tiene nada que ver con la mía, con hacerme un hueco en algún rincón de esa persona durante un ratito, con tragar saliva ante unas vistas inesperadas o con la felicidad que me producen ciertos momentos que podríamos denominar desde improvisados hasta enriquecedores, a veces surrealistas.

Momentos que, si analizas objetivamente, no siempre tuvieron tanto de especial. Experiencias que, contadas después, pierden toda gracia, que a quienes no las vivieron no suscitan un mínimo de interés. Que incluso tú te das cuenta mientras las revives de que fueron bien sencillas.

Pero es que quizás no sea cuestión de complejidades sino más bien de necesarias dosis de alteración.

La predisposición a lo espontáneo a veces permanece escondida, pero nada como un un viaje para hacerla resurgir.

¿Absurda sensación? Quizás. Pero… absurdamente viva.

 

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Author:María de la Cruz Valdemoro

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